Hay ideas que no nacen en una biblioteca, sino en mitad del estudio. Aparecen mientras uno prepara un examen, subraya apuntes, repasa tablas y de pronto se queda mirando un dato más tiempo del previsto. Este artículo nace así: del estudio de la asignatura Biotecnología y Bioética del inicio de la vida, dentro del Máster Universitario en Bioética que estoy cursando. Entre conceptos técnicos, legislación, reproducción asistida y debates morales, apareció una tabla sobre la aceptación social de los llamados vientres de alquiler en varios países europeos. Y ahí surgió la duda.
No era solo una tabla. Era una grieta.
El Estudio Internacional de Valores de la Fundación BBVA 2019 analizó valores y actitudes en Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España, con muestras de 1.500 personas mayores de 18 años en cada país. Una de sus preguntas abordaba la aceptabilidad de recurrir a una madre de alquiler para tener un hijo. Los datos mostraban diferencias claras: Reino Unido presentaba el mayor grado de aceptación; Francia y Alemania también mostraban niveles elevados; España quedaba en una posición intermedia; e Italia aparecía como el país con mayor rechazo (1).
A simple vista, podríamos pensar que todo se explica por la religión. Países con mayor secularización, más aceptación. Países con mayor tradición católica, más rechazo. Pero esa lectura es demasiado rápida. Francia, por ejemplo, tiene una raíz católica profunda y, sin embargo, no se comporta igual que Italia. España tampoco responde exactamente como Italia. Y Alemania o Reino Unido no pueden reducirse sin más a la etiqueta de “países protestantes”.
La cuestión de fondo es más interesante: cómo cada sociedad ha secularizado sus valores.
La secularización no elimina la moral: la cambia de sitio
Secularizar no significa quedarse sin valores. Significa que los valores dejan de expresarse principalmente a través del lenguaje religioso y pasan a formularse en términos de autonomía, derechos, libertad individual, dignidad, igualdad o protección jurídica.
Europa no ha dejado de hacerse preguntas morales. Solo ha cambiado el idioma con el que las formula.
Por eso, ante la gestación subrogada, cada país responde desde su propia historia. Reino Unido parece acercarse más a una ética liberal y pragmática, centrada en la autonomía y en la posibilidad de regular. Francia, marcada por la Revolución francesa y por la laicidad republicana, no puede entenderse solo como país de tradición católica. Su ley de 1905 separó las Iglesias del Estado y consolidó una forma muy particular de neutralidad pública ante la religión (2). Alemania arrastra una cultura jurídica donde la dignidad humana funciona como límite fuerte ante ciertas prácticas biomédicas. España vive una tensión entre secularización social y memoria católica. Italia conserva una presencia más visible de la tradición católica en su imaginario moral sobre la maternidad, la familia y la filiación.
Ahí está la clave: no se trata solo de si una sociedad cree más o menos en Dios, sino de qué ha hecho con los valores heredados cuando la religión ha perdido parte de su poder público.
Cinco países, cinco memorias morales
El mapa europeo no habla con una sola voz. Reino Unido parece decir: si hay consentimiento, deseo de formar una familia y posibilidad de regulación, la práctica puede encontrar un lugar social. De hecho, su sistema reconoce la figura de la gestación subrogada, aunque con cautelas importantes: la mujer gestante es inicialmente la madre legal del niño hasta que exista una orden parental que transfiera la filiación (3).
Francia resulta más paradójica. Su sociedad puede mostrar mayor aceptación que Italia, pero su derecho mantiene una línea muy restrictiva. El artículo 16-7 del Código Civil francés declara nulo todo convenio relativo a la procreación o gestación por cuenta de otro (4). Es decir, Francia no rechaza esta práctica desde una moral religiosa explícita, sino desde una tradición republicana que desconfía de convertir el cuerpo humano en objeto de contrato.
España, por su parte, también prohíbe estos contratos. La Ley 14/2006 establece en su artículo 10 que será nulo de pleno derecho el contrato por el que una mujer acuerde gestar, con o sin precio, renunciando a la filiación materna a favor de otra persona (5). Pero socialmente España aparece dividida: hay apertura hacia nuevas formas familiares y, al mismo tiempo, una fuerte sospecha ante la posible mercantilización del cuerpo femenino.
Italia representa la resistencia más clara. No solo por la religión entendida como práctica, sino por una memoria cultural donde maternidad, cuerpo, filiación y familia siguen estando más fuertemente unidos. En ese contexto, la gestación subrogada se percibe menos como una técnica reproductiva y más como una ruptura antropológica.
El lenguaje no es inocente
También importa cómo nombramos las cosas.
“Gestación subrogada” es una expresión técnica. Suena clínica, jurídica, relativamente neutra. “Vientres de alquiler”, en cambio, tiene una carga moral mucho más fuerte. Puede parecer una expresión dura, incluso incómoda. Pero precisamente por eso revela el conflicto.
Hablar de vientres de alquiler obliga a mirar la posibilidad de que el cuerpo femenino se convierta en medio para cumplir el deseo de otras personas. Hablar de gestación subrogada recuerda que puede haber historias complejas, deseos legítimos de maternidad o paternidad, infertilidad, sufrimiento y acuerdos que no siempre nacen de la explotación.
Ninguna de las dos expresiones agota la realidad. Una puede sonar demasiado fría. La otra puede sonar demasiado acusadora. Pero entre ambas aparece el dilema bioético: ¿estamos ante una forma de libertad reproductiva, ante una forma de mercantilización del cuerpo o ante ambas cosas según el contexto?
El deseo de tener un hijo no lo justifica todo
Hay que decirlo con cuidado. El deseo de tener un hijo puede ser profundamente humano. La infertilidad puede doler como una ausencia diaria, como una habitación preparada para alguien que no llega. No conviene ridiculizar ese sufrimiento ni juzgarlo desde lejos.
Pero en bioética el deseo no basta. El deseo necesita límites cuando implica el cuerpo de otra persona y la vida de un tercero vulnerable.
La gestación subrogada plantea al menos tres preguntas difíciles. La primera: si una mujer acepta gestar para otros, ¿su consentimiento es plenamente libre o puede estar condicionado por necesidad económica? La segunda: si un niño nace como resultado de un acuerdo previo, ¿corremos el riesgo de tratarlo como objeto de encargo? La tercera: si la técnica permite separar genética, gestación, parto y crianza, ¿qué idea de maternidad estamos construyendo?
La tradición católica ha sido muy crítica con esta práctica. Donum Vitae ya advertía sobre la separación de los vínculos propios de la procreación y sobre el riesgo de afectar la dignidad del niño y de la mujer (6). Pero no hace falta compartir esa doctrina religiosa para reconocer que aquí hay una cuestión moral seria: el cuerpo humano no debería convertirse fácilmente en infraestructura del deseo ajeno.
No todo avance técnico es progreso humano
La biotecnología nos ha dado un poder inmenso sobre el inicio de la vida. Podemos fecundar fuera del cuerpo. Podemos seleccionar embriones. Podemos conservar gametos. Podemos separar funciones que antes estaban unidas: maternidad genética, gestación, parto y crianza.
Pero poder hacer algo no significa necesariamente que sepamos hacerlo bien.
La pregunta bioética no es solo “¿se puede?”. La pregunta es “¿qué estamos tocando cuando lo hacemos?”. Porque el inicio de la vida no es un terreno neutro. Ahí se cruzan la esperanza, el deseo, la vulnerabilidad, la desigualdad, la filiación y la dignidad.
Por eso aquella tabla del estudio de valores me pareció tan sugerente. No hablaba solo de porcentajes. Hablaba de Europa. De sus distintas memorias religiosas y seculares. De cómo Francia no es Italia, aunque ambas tengan raíz católica. De cómo España vive entre tradición y modernidad. De cómo Reino Unido traduce muchos conflictos morales al lenguaje de la autonomía. De cómo cada país conserva, incluso sin nombrarlo, una idea distinta sobre lo que el cuerpo significa.
La gestación subrogada no divide a Europa solo por razones religiosas, sino porque cada país arrastra una memoria moral distinta sobre el cuerpo, la maternidad, la libertad y la dignidad.
Quizá esa sea la enseñanza más importante. La secularización no ha eliminado las grandes preguntas. Solo las ha desplazado. Ya no siempre hablamos de alma, pecado, naturaleza o voluntad divina. Ahora hablamos de derechos, consentimiento, autonomía, dignidad y mercado.
Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿todo lo que el ser humano puede hacer con la vida debe hacerlo?
Y tal vez estudiar bioética consista precisamente en eso: en detenernos ante una tabla aparentemente fría y descubrir que, debajo de los números, todavía late una pregunta antigua. Una pregunta incómoda. Una pregunta profundamente humana.
Bibliografía
- Fundación BBVA. Estudio Internacional de Valores Fundación BBVA. II: Valores y actitudes en Europa acerca de la esfera privada [Internet]. Madrid: Fundación BBVA; 2019 [consultado 18 May 2026]. Disponible en: https://www.fbbva.es/wp-content/uploads/2019/10/Presentacion_Estudio_Valores_Esfera_Privada_2019.pdf
- République Française. Loi du 9 décembre 1905 concernant la séparation des Églises et de l’État [Internet]. Paris: Légifrance; 1905 [consultado 21 May 2026]. Disponible en: https://www.legifrance.gouv.fr/loda/id/JORFTEXT000000508749
- Human Fertilisation and Embryology Authority. Surrogacy [Internet]. London: HFEA; s.f. [consultado 19 May 2026]. Disponible en: https://www.hfea.gov.uk/treatments/explore-all-treatments/surrogacy/
- République Française. Code civil. Article 16-7 [Internet]. Paris: Légifrance; 1994 [consultado 21 May 2026]. Disponible en: https://www.legifrance.gouv.fr/codes/article_lc/LEGIARTI000006419302
- España. Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida [Internet]. Madrid: Boletín Oficial del Estado; 2006 [consultado 20 May 2026]. Disponible en: https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2006-9292
- Congregación para la Doctrina de la Fe. Donum Vitae. Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación [Internet]. Ciudad del Vaticano: Santa Sede; 1987 [consultado 19 May 2026]. Disponible en: https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19870222_respect-for-human-life_sp.html
Descubre más desde Blog de Salud y Pensamiento
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Deja una respuesta